Las aguas tranquilas de la laguna, la playa de arena dorada y el océano Atlántico que se apacigua en la barrera de corales. La selva de la cordillera se para a su espalda. Luego el silencio invade. Chapoteo de la resaca, susurro chispeante de las palmeras, aleteo de alas furtivas de los pájaros. En este paraje excepcional, las casas blancas con postigos de madera de color natural se confunden con la paleta de verdes tropicales. Al atardecer, embriagado por el sol y el viento, es el momento de una felicidad poco común, del deslumbrante ocaso en el oceano; este lugar simple y complejo a la vez donde la naturaleza ha sido preservada es un magnífico regalo.